el rostro lleno de ojeras
las ropas sin planchar
en un rincón de las escaleras
ya no sabe que es peinar
oculto de la vista de todos
espia a las parejas pasar
moviéndose entre los recodos
buscando una en particular
paciente, los observa aproximar
muy pendiente de su accionar
ella, hermosa y elegante
el, caballeroso y galán
se pasean por su esquina
como siempre en día normal
amándose continuamente
inmersos en felicidad
se alejan tranquilamente
y desde su escondite les vé
perderse muy lentamente
dando la vuelta por el café
ella se ve muy alegre
el muy sonriente también
pero el fantasma de la esquina
es tristeza a flor de piel
los pocos que lo vieron
lo escucharon murmurar
partiste llevando mi corazón
te fuiste y dejé de soñar
ella nunca volvió a saber
de ese amor que llegó a cambiar
ese fantasma después de un tiempo
desapareció del lugar


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