lunes, 30 de agosto de 2010

Y murió el amor...

Y murió el amor,
tal como había de morir,
murió de desapego,
murió porque no podía vivir.

Y allí va el cortejo,
tan sólo con un invitado,
pues como era de esperar,
sólo vino el del corazón despechado.

No hay gritos, no hay llanto,
todo está de silencio rodeado,
el doliente lleva la cabeza en alto,
porque intentó hasta el hartazgo.

Al final el difunto ha sido cremado,
y las cenizas el viento las va llevando,
no sin dolor porque se perdonó,
pero no se ha olvidado.

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