Cuando el presente
se convierta en historia,
el papel se avejente
y la tinta se destiña.
Cuando la piel se arrugue
y las rosas se marchiten,
las luces se opaquen
y los sonidos se ahoguen.
Quizás tú te acuerdes de mi,
y si entonces una sonrisa
se esboza en tu rostro
sabré que no fui en vano.


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